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RUTA QUETZAL


quetzal1Como ya os comentamos a final de curso, la alumna Raquel Antequera que actualmente cursa 1º de Bachillerato, iba a participar en la Ruta Quetzal, de vuelta de dicha ruta, ella nos cuenta sus experiencias y os anima a participar en dicho concurso.

Mi gran aventura en la Ruta Quetzal BBVA no comienza el 15 de Junio de 2011 (día en el que empezó la expedición), sino hace exactamente un año.

El año pasado, durante mis vacaciones en familia, tuve la inmensa suerte de coincidir por casualidad con los ruteros de la expedición 2010. Nunca antes había oído hablar sobre aquello que ponía en las camisetas de todos estos chicos uniformados: “Ruta Quetzal BBVA”.

Pregunté a mis padres paquetzal2ra saber de qué se trataba, pero no me contaron mucho más de lo que yo podía apinar al verlos. Así pues, esa misma tarde entré en la página web de la Ruta y es así como empezó todo.

La Ruta Quetzal es un programa académico y de aventura,  en el que más de 200 jóvenes becarios de 52 países distintos, viajan por Latinoamérica y España estudiando los diferentes aspectos culturales, geográficos e históricos de los lugares que visitan. En el programa académico, dirigido por la Universidad Complutense de Madrid y por don Miguel de la Quadra Salcedo  (director e impulsor de este programa); se incluyen visitas a ciudades, museos, ruinas, monumentos, cuevas, etc. Además de conferencias, charlas y talleres. Mientras que la parte de aventura está destinada a la vida en el campamento, las actividades deportivas y las caminatas por la sierra,  el desierto, la selva…

 

Mezclando estos componentes, se pretende unir  más a las culturas europea y latinoamericana y  acercar estos dos mundos que parecen muy distantes, pero que en realidad están completamente entrelazados tanto histórica como culturalmente.  Además, se enseña a los jóvenes valores necesarios para su formación como mejores personas tales como la amistad, la empatía, la generosidad, la unión, etc.

Después de saber todo esto y de ver unas cuantas fotos y vídeos de expediciones anteriores, lo tuve claro, decidí presentarme  al concurso de la ruta con el objetivo de obtener mi beca para poder participar en la expedición 2011, la cual viajaría por Perú, España y Portugal.

En Octubre salieron las bases del concurso, que constaba de dos fases: Primero debía elaborar un trabajo sobre uno de los temas a elegir que proponían en la web y más tarde, si mi trabajo era preseleccionado, debía asistir a una entrevista personal en la Universidad Complutense de Madrid.

Después de un mes y medio compaginando mis estudios de primero de Bachillerato con este gran reto que me propuse, conseguí elaborar mi trabajo literario sobre Francisco de Orellana (el descubridor de río Amazonas).

Me había pasado tardes enteras y alguna que otra noche buscando información, seleccionando contenidos, redactando, dibujando,  cortando, pegando, pintando… Fines de semana enteros sin salir y todas mis vacaciones de Navidad manos a la obra. Pero en el momento en el que vi mi nombre en la lista de preseleccionados, supe que todo aquel esfuerzo había merecido la pena.

Fue así como la ruta me había enseñado dos de sus más importantes lecciones: la primera y más importante fue la de la voluntad, la confianza en mí misma para luchar por todo aquello que me proponga; la segunda fue la de la madurez y seriedad que tuve que demostrar en mi entrevista personal.

Poco tiempo después, salieron las listas de los expedicionarios 2011 en la web y allí estaba mi nombre. Desde entonces, me había pasado horas y horas imaginando cómo sería mi gran aventura, pero nada de lo que imaginé pudo superar todo lo que he vivido realmente.

El 15 de Junio de 2011, día que había estado esperando con impaciencia desde la salida de las listas, llegó por fin. Allí estaba yo, en el Perú, a  kilómetros y Kilómetros de casa, algo perdida, sin conocer a nadie, con muchas dudas… Y junto a otros 250 expedicionarios con estos mismos sentimientos.

Ese día parecía que la ruta nunca tendría final, que aun nos quedaba mucho tiempo para todo, pero no fue así. Como un relámpago fueron pasando los días, las semanas y cuando nos dimos cuenta llevábamos allí un mes. Habíamos estado en sitios  completamente increíbles, lugares  que jamás habíamos imaginado conocer; habíamos aprendido mucho sobre antiguas culturas, personas importantes, grandes descubrimientos… La ruta también nos mostró la realidad en el mundo: la pobreza, el hambre, la miseria… Todos sabíamos que todo esto existía, pero verlo con tus propios ojos, en un país tan pobre como es Perú te llega directo al corazón.  Edificios en ruinas, niños trabajando, prostitución, mendicidad, robos, hogueras en las calles, montones de basura, perros callejeros, etc. Y sin embargo, a pesar de vivir en la absoluta ruina,  la gente de allí tan amable y hospitalaria; ofreciéndonos todo lo que tienen (cada trozo de pan, cada grano de arroz, cada gota de agua…)  para que la ruta saliese adelante, a pesar de que para ellos esto supondría un gran esfuerzo.

Hemos aprendido  a valorar mucho más todo lo que tenemos y sobre todo a  no dar importancia y prescindir de muchos  lujos con los que vivimos, pues con muy poca cosa se puede ser feliz.

Por supuesto, no podría olvidarme de nombrar no una de las más importantes cosas en la ruta, sino la más importante: LA CONVIVENCIA y con ella va ligada la AMISTAD.

Durante toda la ruta hemos dejado de ser personas independientes para convertirnos en una gran familia. En esta familia, todos y cada uno de nuestros actos eran imprescindibles para poder funcionar como tal: puntualidad, orden, limpieza (lo poco que se pueda, claro)  y sobre todo sacrificio por los demás.  En muchas ocasiones, la ruta te pone en situaciones difíciles, momentos que crees no poder soportar  y de repente, llega alguno de los ruteros y te da ánimos. Ya no te importa el hambre o la sed que tengas, lo sucia que estés, lo poco que hayas dormido;  ya no echas de menos a tu familia o a tus amigos y tampoco te importa lo cansadísimo que estés durante la caminata. Gracias a ellos te haces más fuerte.

Todos estos gestos de aprecio día tras día hacen que algunos de estos ruteros se conviertan no solo en amigos, sino en hermanos. Y es ahora, cuando ya ha acabado la ruta, cuando te das cuenta de lo importantes que fueron para ti esas personas y todo el tiempo y cariño que te dedicaron.  La sonrisa de Alberto, los consejos de Alejandra, las charlas con Ana, la alegría de Iveta, los juegos de Gabriela, los abrazos de Karin y Mikaela, los besos de Elia, las risas con Thiany, los viajes en bus con Álvaro, José  y Diego…  Sé que sin todos ellos nada hubiese igual, que les debo todo lo que he logrado durante la ruta.


Desde el primer momento hasta el último, hemos tenido días buenos, malos, fantásticos, duros, casi insoportables, especiales;  pero todos y cada uno de ellos han sido “una nueva aventura” (palabras con las que nos despertaban cada mañana a voz de megáfono). Y como no podría ser de otra manera, he de decir que me considero  muy afortunada por haber vivido esta magnífica experiencia limitada para muchas personas que, sin duda, me ha cambiado la forma de ver la vida, de pensar y de actuar.

Creo que la Ruta Quetzal BBVA es una de las mejores oportunidades que pueden presentarse en tu vida, pues no solo te hace crecer culturalmente sino también te hace crecer por dentro, te convierte en una persona mejor. Una persona que razona con madurez antes de tomar una decisión, una persona que se sacrifica y da todo por los demás sin esperar nada a cambio; que nunca jamás por muy dura o pesada que sea la “caminata” y por muy cansada que esté se rinde. Una persona con el espíritu de un Quetzal: Sin miedo a volar libre, capaz de vivir al máximo cada segundo, con sueños y con ansias de aventura.

Por último, me gustaría animar en esta crónica a todos los alumnos del  I.E.S Bernardo de Balbuena (que tengan la oportunidad) a participar en este concurso académico haciendo su trabajo como yo hice el mío. Estoy segura de que nunca se arrepentirán de ello y de que si consiguen su beca, no sólo habrán ganado un viaje a la aventura, sino también una forma de vida.

RAQUEL ANTEQUERA MARTÍN


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